Docavo
Errante tras una estrella

Dicen que al principio, los recién nacidos ven sombras, en blanco y negro. No sé si es cierto porque no soy médico. Yo, me hice ingeniero agrónomo para ver colores.

Todo empezó en el mar. Yo lo veía con mil tonos verdes y la gente decía que era azul. Decidí investigar, me puse a bucear y empecé a ver un sin fin de colores suaves, casi iguales, cortados de repente por pinceladas de brillo en movimiento que se afanaban por meterse entre rocas.

Lo vi claro. Lo mío era el mar.

Había de todo. Pero había que fijarse para verlo.

Lo lógico es que hubiera estudiado para pescadora, pero tuve que conformarme con ingeniero agrónomo y un máster que me capacitaba vivir con los peces.

En realidad ahí empezó mi madurez.

No eran los peces, ni las rocas, ni el agua. Eran los colores.

Me gustaban los colores.

De repente, como por casualidad descubrí las Miniaturas, pintura en soporte de pergamino, o en papel.

Me asombró. Era tan auténtica, tan diversa, tan personal. Cada mano controlando una paleta distinta. Los contrastes vivos, pero sutiles.

Total deje la ingeniería y me entregué a las miniaturas. Así trabajé en Patrimonio, una empresa que se dedica a buscar color y a copiarlo. Crean facsímiles encuadernados que lleva el pasado a quien quiere disfrutar de él, por un precio razonable.

Pero yo quería no sólo un color, quería “mi” color y así nació Docavo.

Cuadros, esculturas, dibujos en los que quiero enseñar lo que veo.

Unos colores que debemos compartir. Un equilibrio que debemos sentir.

Un poco de paz entre tanta histeria.

Y en eso estamos, espero que os guste.